Carlos Fuentes afirmaba que “no tenemos visión más cierta de una ciudad que la imaginación de la ciudad”.
El alcalde de Puebla, Pepe Chedraui, imagina una ciudad donde lo que hace falta es una inversión de cuatro mil millones de pesos. Ello no parece un disparate. Todo lo contrario: una inversión de ese tamaño es siempre una noticia importante.
Los problemas comienzan cuando, con ese dinero, la ciudad que imagina el alcalde “necesita” construir setecientos departamentos y un centro comercial en el centro histórico de la ciudad, a fin de que el empresario inversor obtenga ganancias y la ciudad se transforme.
¿Eso necesitamos en la ciudad? ¿Eso necesita el centro para su reactivación?
Si para rescatar el centro de Puebla se necesitan construir setecientos departamentos y un centro comercial, todo indica que la visión del alcalde es cuestionable y reduccionista. Vivienda siempre se necesitará, pero en el centro de la ciudad hay más de mil casas deshabitadas. En otras palabras, casas hay, pero Slim y Chedraui creen que lo que se necesita es más vivienda y comercio. En realidad no piensan eso, sólo que el ingeniero Slim no obtendría las ganancias que pretende alcanzar si no construye las setecientas viviendas y el centro comercial.
No se puede pasar por alto que el centro de la ciudad de Puebla sufre por la escasez de agua y abastecer setecientas viviendas más sin un plan de infraestructura parece misión imposible. Además, la zona está totalmente rebasada por un tránsito vehicular caótico y un drenaje que demuestra sus limitantes cada vez que llueve en el centro de la capital del Estado. Pero la solución, según el alcalde y el abuelo de su nuera, es mayor vivienda.
No se trata de estar en contra de la inversión de un desarrollador, sino de ponerla en contexto. La ciudad que imagina el alcalde es una ciudad donde setecientos departamentos es un proyecto de ciudad, cuando en realidad es sólo un proyecto inmobiliario que dejará setecientos departamentos, los que se adquirirán -en su mayoría- para rentarse en plataformas digitales. Ese es el gran proyecto de Chedraui. En él se reconoce y en él se retrata. Setecientas viviendas y un centro comercial.
Para Chedraui, quienes rentan en el centro se verán beneficiados porque podrán rentar más caro, pero nunca mira a quienes habitan en el centro de la ciudad y sufrirán el alza en el precio de los servicios, quienes sufrirán aún más el caos vial, o a quienes tal vez les quiten más agua para que los departamentos de Slim puedan tener agua “al menos una vez a la semana”.
La ciudad requiere mucho más. Requiere mejores parques (y todos sabemos que el alcalde cedió a la tentación del cablebús y los parques de la ciudad se verán afectados), la ciudad requiere mejor drenaje (y todos sabemos que el alcalde no ha destinado programas vitales en la materia), la ciudad requiere ordenamiento del transporte público (y todos sabemos que el alcalde no ha asomado la cabeza en el tema), la ciudad requiere incentivos para los pequeños emprendedores (pero todos presenciamos que al alcalde sólo le importa el recurso del ingeniero Slim), la ciudad requiere mejor movilidad (y el alcalde cree que el automóvil es el medio de transporte que se debe preferir -no se ha enterado de la transformación de París, por ejemplo)
El alcalde se ha puesto el chaleco de vendedor de departamentos de las empresa de Slim. A partir de esa función quiere reelegirse el próximo año. Sus resultados en las urnas pueden ser mejores o peores. Ese no es el problema. Para quienes habitamos esta ciudad, el problema es otro: los hechos demuestran que la imaginación de Chedraui es corta; cortísima. Y ese hombre de imaginación corta piensa en una ciudad llena de cemento, ladrillo y asfalto. Nada más y nada menos.