UDLAP: El conflicto entrampado

Las dudas siguen sin aclaraciones. La UDLAP es sinónimo de incertidumbre. El gobierno del estado ha asumido una actitud incomprensible: manifiesta que no es parte en el conflicto. La realidad es algo distinta: el gobierno del estado es uno de los involucrados porque nombró a un nuevo patronato y este es desconocido por los antiguos patronos. Jurídicamente el conflicto es sencillo, pero políticamente está entrampado. 

Los Jenkins ganarán el litigio si logran demostrar que fue el gobierno del estado quien les dio autorización de trasladar los bienes de la fundación a un estado e incluso a un país distinto. En otras palabras, que no han dilapidado los bienes y que los trámites que realizaron bajo el mandato de Moreno Valle fueron avalados por el propio gobierno poblano. 

El nombramiento de un nuevo patronato es harina de otro costal. La distinción no es menor: por qué los bienes de la fundación se movieron de Puebla es una cosa; que los Jenkins sigan controlando el patronato es otra distinta. El patronato puede ser removido y nombrado por la Junta para el Cuidado de las Instituciones de Beneficencia Privada de acuerdo a la normativa aplicble, pero los Jenkins pueden alegar que no se cumplieron los procedimientos que prevé el artículo 68 de la Ley de Instituciones de Beneficencia Privada para quitar al anterior patronato y nombrar a los nuevos patronos que, a su vez, nombraron a un impresentable -Jaguar de apodo- como rector. No hay quien se salve en el conflicto: tan malo es el pinto como el colorado.

La realidad también muestra que ambas partes piensan poco en los estudiantes, profesores y trabajadores de la universidad. Pueden desgañitarse en los medios, pero sin la avaricia de ambas partes, los Jenkins y el gobierno del Estado antes en manos de Moreno Valle y ahora bajo la titularidad de Barbosa, este asunto podría resolverse sin que ello significara afectar a quienes laboran y estudian en el campus de la universidad. 

En última instancia, el campus es simbólico, pero importa. Porque en temas educativos, los símbolos son importantes: no se confía en una universidad tomada por un grupo y donde los estudiantes no pueden entrar, donde no hay clases, no se investiga y no se interactúa. Si lo que ambas partes querían era ahorcar a la universidad para vencer a su opositor, están en el camino correcto. 

¿Cómo lograr que no se afecte más a quienes necesitan el campus para desarrollar sus actividades? Cediendo. Pero el verbo ceder está fuera del diccionario del gobernador Barbosa y ahora -vaya paradoja- parece que también está relegado en el vocabulario de los Jenkins -ellos, que tanto negociaron con Moreno Valle.

No bastan las órdenes provisionales porque mientras el conflicto no se solucione de fondo no habrá certeza de hasta cuándo se podría utilizar el campus de la universidad. 

Si el conflicto entre el gobierno del Estado y la universidad va a tardar muchos meses más -como toda lógica indica- valdría la pena que las partes lleguen a un acuerdo mínimo: que unos controlen el campus y que trabajadores, estudiantes y maestros lo puedan utilizar. Ese sería el verdadero gesto de preocupación por la educación de miles de jóvenes y, sobre todo, por la certeza de que los trabajadores y maestros tienen asegurado su trabajo. Hoy, la incertidumbre es la regla: el patronato nuevo que no tiene cuentas bancarias, no sabe quien trabaja o estudia en la universidad, no da clases, no administra, no tiene relaciones con quienes desarrollan su actividad en la universidad y solo tiene un fabuloso nombramiento; por el otro lado, una familia que tiene el control de muchas cosas, pero no tiene campus y, con ello, una universidad a medias. 

Solo es tiempo traerá la solución del conflicto. Lo que la situación demuestra, día con día, es que ambas partes quieren ganar: la educación es lo de menos. 

INE vs AMLO: El dilema presupuestal

Existe un problema de fondo entre algunos consejeros del INE y el presidente de la república: su visión de la democracia y el liberalismo. Además de esa cuestión sustantiva, se han entrampado en un problema presupuestal:la Cámara de Diputados le asignó al INE un presupuesto que el instituto considera insuficiente para organizar la revocación de mandato (de AMLO).

Por ese diferendo, el INE presentó una controversia constitucional y la Corte la admitió a trámite sin suspender el proceso de la revocación (en un acuerdo dictado por el Ministro Alcántara Carrancá). El máximo tribunal del país decidirá si la Cámara de Diputados debe dar mayor presupuesto al INE o este debe realizar la consulta con el dinero que ya le asignó la Cámara.

Como bien lo ha advertido Jesús Silva-Herzog Márquez en su artículo de este lunes en el diario Reforma, es un asunto vital: los derechos cuestan y acudir a las urnas para un ejercicio de revocación no puede hacerse sin que haya presupuesto que respalde esta decisión de realizar la revocación con estándares de calidad.

Sin embargo, existe una arista importante que no encuentro en el texto de Silva-Herzog Márquez y que tampoco se está discutiendo: ¿cuáles son los límites -presupuestales- de los órganos constitucionales autónomos que existen en el sistema político constitucional mexicano?

Es perfectamente justificable que el INE solicite dinero para elecciones o para ejercicios como la revocación de mandato, pero esa solicitud debe tener límites. Por ejemplo, pienso en los millones de pesos que gasta el Instituto en boletas electorales cada vez que acudimos a votar. Se compra un determinado papel, se imprimen, se agregan “sellos” de seguridad y obtenemos las boletas con las que ejercemos nuestros derechos. ¿Qué pasa si el INE decide que en una determinada elección esas boletas deben ser doblemente seguras y para eso necesita el doble de presupuesto para esa cuestión específica? ¿Debe dársele el doble de presupuesto o con el costo que hasta ahora han tenido las boletas es suficiente para que tengamos elecciones democráticas?

La decisión de la Corte es doblemente riesgosa. Existe el riesgo de que una mayoría en la Cámara de Diputados obligue al INE -o a cualquier organismo autónomo- a realizar ciertas actividades sin asignarle presupuestoespecífico, pero también es cierto que corremos otro riesgo:que los organismos autónomos demanden dinero para sus actividades y sea forzoso otorgarles el presupuesto que demandan, so pena de aplazar sus actividades o no desempeñar sus funciones (como ahora lo acaba de decidir el INE).

Al final, en este galimatías la Corte debe dejar a salvo el derecho de los organismos autónomos a exigir un determinado presupuesto y el derecho de la Cámara de Diputados a determinar qué presupuesto se le asigna a estosorganismos u otros poderes (ejecutivo y legislativo, en su caso). Una labor nada sencilla.

Gobiernos de las excusas

Los gobernadores y alcaldes del país han encontrado en la pandemia una excusa perfecta para justificar su inactividad y su mediocridad. Repiten un mito: que no pueden realizar obras o desplegar programas, precisamente por las circunstancias especiales derivadas de la pandemia. Sin embargo, los ejemplos de otros gobiernos subnacionalesy municipales a nivel mundial deberían sonrojar a cualquier gobernante mexicano que se escude en la pandemia para tratar de justificar el fracaso en el desarrollo del país, especialmente en su estado o municipio. 

De acuerdo con el último reporte del CONEVAL, hay 55 millones de mexicanos pobres y, entre ellos, casi 11millones en extrema pobreza. Los programas y las obras para que esas personas mejoren su situación no pueden esperar a que termine la pandemia porque esta no “terminará” en el corto plazo, sino que sus efectos serán menos dañinos paulatinamente. Los números muestran un escenario catastrófico, que puede empeorar si los gobiernos se escudan en la pandemia, porque esta ha agravado las desigualdades que ya existían. Por ejemplo, cinco millones de alumnos desertaron de primaria o secundaria desde el inicio de la pandemia, lo que tendría que quitarle la sonrisa a cualquier político, de cualquier partido.

¿Qué pueden hacer los gobiernos locales y municipales? Ofrecer conexión a internet en lugares públicos, implementar programas de regularización para alumnos que tengan problemas de conexión, programas que otorguen préstamos sin intereses para que las familias puedan adquirir más equipos para conectarse a internet e incluso regalar dispositivos para que más alumnos puedan tomar clases a distancia. Todo ello solo soluciona la imposibilidad de conexión de muchos estudiantes, aunque bien podrían agregar programas de promoción del uso de la bicicleta, programas de guarderías y cuidados de personas (niños o discapacitados) que permitan a otros llevar a cabo sus actividades laborales fuera de casa. Y ni hablar de programas de créditos a micros y pequeñas empresas, que han sido escasos (en el mejor de los casos).

Asimismo, el transporte público es esencial: si no hay sana distancia entre sus usuarios, los contagioscontinuarán, por lo que es necesario insistir en el traslado a través de otros medios, como las bicicletas (París tiene 700 kilómetros, Bogotá construyó más de 80 kilómetros durante la pandemia y Bruselas llegó a los 170 kilómetros). Desgraciadamente, no existe ayuntamiento o gobierno estatal mexicano que haya tenido éxito en cambiar la dinámica de viaje de quienes deben utilizar el transporte público. Al contrario: la imagen más recurrente es la de automovilistas quejándose una y otra vez por la construcción de ciclovías, y los gobiernos reculando en sus proyectos para construirlos. 

Los cambios nunca son fáciles, pero este es el mejor momento para transformar las ciudades, sobre todo en materia de transporte, en materia educativa y en programas de cuidados, por mencionar algunos. No se puede esperar a que un día la pandemia desaparezca, porque eso es incierto. 

La sociedad debe exigir medidas eficaces para paliar los efectos de la pandemia en temas clave (más allá del tema sanitario). Los gobiernos estatales y municipales deben entender que sus funciones no solo se limitan a determinar el aforo máximo en ciertos espacios (que parece ser la única medida a la que le dan importancia). Los pequeños comercios que necesitan incentivos, las familias que requieren el cuidado de sus hijos/familiares discapacitados, las trabajadoras que requieren trasladarse en transporte público, y los niños y jóvenes que desertaron en los últimos dieciocho meses, merecen más que la simple excusa de “estamos en pandemia”. Dinero tienen, pero les falta voluntad e imaginación. Esa es la realidad del país: un país con pobres, con miles de necesidades, sufriendo los efectos de la pandemia, y con políticos sin ideas y sin imaginación.

El discurso importa

Una de las razones de la polarización actual en el país tiene que ver con el manejo facilón del discurso en contra de los adversarios políticos. El presidente señala de corruptos y neoliberales a sus adversarios, y estos le endilgan el carácter de populista y autoritario. Faltan matices y ahí nos hemos perdido. Estamos llegando al punto donde incluso se indagan las afinidades políticas de los amigos y los epitetos se sueltan sin mayor rubor. Quienes señalan a unos y otros ignoran que el problema no es de un grupo en particular, sino de la ausencia de Estado. Esa ausencia la sufriremos todos y todos la pagaremos. Los discursos importan, faltaba más, y su importancia es mayúscula si con ellos se juzga el pasado y se construye un Estado fuerte, que proteja al ciudadano y que garantice las condiciones para su desarrollo.

Dos casos llaman mi atención y los dos tienen que ver con la Ciudad de México: el dictamen sobre el colapso de una línea del metro de la capital del país y las declaraciones de la jefa de gobierno tras su asistencia a toma de protesta de la hija de Salgado Macedonio como gobernadora de Guerrero.

Por lo que respecta al metro y la muerte de 26 personas y cientos de heridos, el cinismo de la fiscalía capitalina es enorme: fue error en la construcción, dicen. La consecuencia es “menor”: el ingeniero Slim reconstruirá el tramo, dos o tres chivos expiatorios irán a la cárcel por no supervisar la obra, pero la espada de la justicia no alcanzará a ningún político y mucho menos a la empresa que la construyó. “Ya cumplimos”; “Nosotros sí investigamos”. ¿Es suficiente con todas esas afirmaciones? La oposición tampoco ve el problema: jura que eso pasa por querer hacer las cosas rápido y construir una obra así en un tiempo tan corto. No se dan cuenta que su revisión del pasado es grosera: no lo miran para construir un mejor país, donde no haya impunidad, corrupción o incapacidad de la autoridad. Lo quieren para exculparse unos y culpar a otros; para decir: no es culpa de esta administración, sino de esta otra. Si la constructora puede seguir operando, si los políticos involucrados  no se sientan en el banquillo de los acusados frente a un juez, si no se pone en el centro a las víctimas (todos los capitalinos) de esta tragedia, ¿cómo afirmar que unos u otros tienen razón?

Y pasa lo mismo con la hija de Macedonio: puede haber decenas de señales de abusos sexuales por parte del senador, pero lo importante es que su hija ya es gobernadora y la jefa de gobierno usa maquiavélicamente la lucha feminista para tratar de reconocer los méritos de quién no los tiene: su única virtud es tener un determinado apellido. 

Es más fácil achacar el carácter de machista a quienes critican la llegada a la gubernatura de una títere, que asumir la responsabilidad de un partido de postular a la hija de un personaje tan discutido, en lugar de mirar hacia sus militantes sin desdén. Al igual que sus adversarios, miran al electorado y a los militantes de los partidos como una masa acrítica y boba, que no tiene memoria. Estamos hablando del mismo estado de Aguas Blancas, Ayotzinapa y Lucio Cabañas. En ese mismo espacio, la respuesta sigue siendo poca democracia y un discurso sin fortalecimiento del Estado. No se podrá fortalecer al Estado mientras sigamos mintiendo, porque los discursos siguen usándose sin matices y sin un afán revisionista crítico. Lo único que importa es golpear al adversario, interno o externo. Por eso, la jefa de gobierno llama machistas a quienes, precisamente, critican el machismo de su partido al imponer a la hija de Macedonio y creer que así se abren espacios a las mujeres y se atacan los problemas de fondo: su falta de oportunidades en un sistema con muchos Macedonios.

No es el neoliberalismo el que ataca el presidente; no es el populismo el que ataca el PAN; no es el autoritarairsmo y cacicazgo el problema de Movimiento Ciudadano, ni es el presidencialismo el problema del PRI. En su conjunto, todos señalan y discuten, pero ninguno asume. Ninguno es capaz de criticar y señalar para construir. Por el contrario: miran las acciones del pasado y las propuestas del presente para destruir. Son verdaderos kamikazes. No están dispuestos a negociar en campo abierto sus posiciones políticas. Están dispuestos a vociferar sin más y negociar en la oscuridad; por eso Bartlett está en el gabinete, el PAN tiene a Calderón y  Fox como populistas de primer orden, Movimiento Ciudadano es liderado por Alfaro y Dante o el PRI sigue siendo el partido que vive de las señales del Ejecutivo en turno. 

Los discursos de la democracia importan y son distintos de los calificativos que los integrantes de la clase política mexicana se endilgan sin rubor; distintos de la propaganda barata que los políticos mexicanos venden y que muchos comprarán. Los discursos importan y ahora están ausentes, entre tantos tiburores, en este inmenso mar

La muerte de la democracia

Desde el año 2004 entramos en una espiral peligrosa, que nos ha llevado a venerar las instituciones sin reconocer que son operadas por personas, quienes en muchos casos solo se preocupan por sus intereses y sus bolsillos. 

Las instituciones son importantes, pero en las manos inadecuadas perecen. 

En un estupendo libro, “La muerte de la democracia”, Benjamin Carter Hett narra la caída de la República de Weimar, en Alemania, suceso histórico que ha sido mitificado, y en el que Carter Hett trata de apegarse a los hechos sin linchar o santificar a todos quienes hicieron posible el colapso de la república alemana posterior a la Primer Guerra Mundial. Uno de los mitos que siempre se ha considerado vital para entender ese periodo Alemán, entre el fin de la Primera Guerra Mundial, el ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, ha sido la supuesta humillación y dificultad que implicaban los Tratados de Versalles para el pueblo y gobierno alemanes. Carter Hett evidencia que ese mito fue difundido por el nazismo, porque le convenía para erosionar al gobierno alemán y ascender popularmente, pero que de ninguna manera puede seguirse tomando como un argumento serio. El mito fue un instrumento para matar a la democracia alemana.

En México, el mito sobre el que está basada la lucha de elites populistas que presenciamos hoy en día, consiste en aseverar que lo nuestro es una democracia. No quiero decir que haya que menospreciar los esfuerzos de miles de mexicanos por crear elecciones justas, con opciones políticas serias; pero eso no implica que llamarlo democracia  sea una ilusión.

Bajo ningún aspecto se trata de minimizar los esfuerzos de décadas por tener elecciones limpias y democráticas, pero aceptar que, aunque desde el año 2000 hayamos tenido alternancia en gobiernos federal y estatales, eso no hace sino que el sistema electoral del país pueda parecer confiable, pero está lejos de ser una democracia. 70 millones de mexicanos son pobres, la mitad de quienes trabajan lo hacen en la informalidad, miles de mujeres sufren abusos todos los días, contamos los muertos con desidia, a pesar de que alcanzan cifras de países en guerra, y la impunidad y la corrupción son las verdaderas reinas del palacio. ¿Es un reduccionismo afirmar que no existe democracia en este país? Puede serlo, pero es menos dañino que pensar que con los datos de la realidad mexicana podamos presumir que lo nuestro es una democracia.

Eso no significa darle la razón a bando alguno de quienes se disputan el manejo de los recursos públicos y la administración de proyectos millonarios (es decir, el gobierno), y a quienes eufemísticamente hemos llamado nuestros representantes. Asumir que no vivimos en una democracia y que si acaso la estamos construyendo, podría ser un buen inicio para desmitificar que unos la están destruyendo y otros son los héroes que la salvarán. La clase política no se ha percatado que, mientras ellos se disputan un botín, el ciudadano sufre todos los días y poco confía en ellos. Por ejemplo, el presidente de la República cree que por ser popular su gobierno es más eficaz, menos corrupto y las instituciones de su gobierno son mejores. El gobernador de Puebla, por ejemplo, cree que puede salir a afirmar que las tomas clandestinas para robar gas o gasolina han desaparecido, pero una explosión hace volar por los aires su poca credibilidad. La oposición puede asumirse como defensora irrestricta de derechos, aunque olvida que hace apenas quince años inició una “guerra” absurda contra los cárteles de la droga, que benefició a uno de ellos y perjudicó a millones de ciudadanos.

El mito de nuestra clase política es que vivimos en una democracia. Eso no quita que debamos fortalecer las instituciones del Estado para seguir en el camino de construir esa democracia; eso no quita que debamos combatir a quienes en distintos bandos minan los esfuerzos de los millones que en su mayoría quieren construir y construyen poco a poco un mejor país. Pero engañarnos no es una buena idea: porque lo único que ganamos en ese discurso falso es que unos u otros tomen banderas que no les corresponde, y que se sientan defensores de algo que no han construido o edificadores de algo que, con sus acciones, están lejos de construir. 

Los populismos de derecha y de izquierda se nutren de mitos; bien haríamos en dejar de alimentar el mito mexicano por excelencia desde hace 25 años. No vivimos en una democracia.

Revocación del mandato: oposición e INE

El problema fue la aprobación de la revocación de mandato. En su momento, la oposición tuvo los votos para condicionar la revocación de mandato, pero los políticos opositores olvidaron una misión vital: que la revocación no pudiera convertirse en un ejercicio para medir la popularidad del presidente.

Hoy se quejan, pero fueron incapaces de impedir lo que el lopezobradorismo quiso impulsar desde un primer momento: hacer de la revocación un ejercicio de campaña.

La maquinaria está echada a andar. No será fácil juntar las firmas suficientes para que se lleve a cabo el ejercicio (3% del listado nominal de electores), pero en caso de que se logre, no será una revocación (porque la oposición no lo está solicitando y porque nadie ha alegado la pérdida de confianza), sino una campaña que el presidente utilizará para estar en el templete y arremeter contra sus adversarios.

Y la oposición sigue pasmada. Un ejemplo: tardó un mes en presentar una acción de inconstitucionalidad que le permita a la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinar si la ley de revocación de mandato es inconstitucional, pero la acción solo se centró en la redacción correcta o incorrecta de la pregunta de la revocación  y no en el aspecto clave de esta: quién está detrás de la recolección de firmas para que el 3% de mexicanos que formen parte del listado nominal de electores pidan que se inicie el ejercicio de revocación de mandato. Lo normal y entendible es que lo pidan la oposición y los adversarios del presidente en turno (hoy hablamos de López Obrador, pero en un futuro podríamos hablar de un “Trump mexicano”) porque, si no es así, si quienes están detrás de esto son los alfiles y el partido del presidente, solamente estamos en presencia de una simulación constitucional: los ciudadanos no están ejerciendo su derecho a pedir que se revoque el mandato del presidente, sino los políticos están aprovechándose de un instrumento para fortalecerse y organizarse.

La intención de AMLO va mucho más allá de la revocación. La revocación es la forma que Morena utilizará en 2022 para organizarse de cara a las elecciones de 2024. Le servirá para formar estructuras paralelas que impulsen a la(el) candidata(o) que lidere el proyecto del partido del presidente. No es solo para medir la popularidad del presidente, sino esencialmente organizar a la gente y crear estructuras para “apoyar en el revocatorio”, aunque en la realidad lo usarán para aceitar la maquinaria (o crearla, según sea el caso) de cara a 2024. 

En todo este embrollo, mención especial merece el recorte presupuestal al INE en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el año fiscal 2022. Esencialmente, no tiene el presupuesto necesario para realizar el ejercicio de revocación de mandato. El problema lo resolverá el poder judicial, porque es cierto que la potestad de otorgar un presupuesto la tiene la cámara de diputados, pero es igualmente cierto que ese presupuesto debe cumplir cabalmente las exigencias del instituto si se quiere que estecumpla con sus obligaciones constitucionales y legales. 

¿Es esto una tragedia? No. Es un capítulo más en la confrontación entre el INE y Morena, solo que en esta ocasión tendrá una repercusión: se decidirá si el INE necesita más recursos o si debe ajustarse a hacer lo que le corresponde con los recursos que tiene. En el primer caso, Morena perdería el pulso; en el segundo, el INE tendría que reorganizar su presupuesto y dejar de hacer algunas actividades. En cualquier caso, las cosas no pintan bien: gane el INE o Morena, las actividades electorales siguen siendo escandalosamente costosas (incluyendo el oprobioso financiamiento a los partidos políticos) Esa es la discusión que deberíamos tener: si el INE es del tamaño de la desconfianza en el sistema electoral, algo estamos haciendo mal y habría que solucionarlo (insisto, el financiamiento a los partidos como pieza esencial en ese sistema electoral de altos costos). Criticar el recorte sin mirar el despilfarro electoral, es envolverse en la bandera de la “democracia” o en la de la “austeridad” de manera ingenua. Ya como instituto; ya como “discurso” de partidos políticos, nadie quiere perder. Los ciudadanos somos los únicos que ponemos el dinero que unos y otros quieren gastar –“legal y democráticamente”-. Y aunque este es el meollo del asunto, es un tema que no estará a discusión en la Corte. Gane el INE o gane Morena, no está claro que el interés ciudadano gane de alguna manera. Las élites se arrebatan el presupuesto. Ni más ni menos.

Dante (MC) y la oposición

Dante Delgado, el líder de Movimiento Ciudadano (MC), lanza un guiño más a Lopez Obrador; es el quinto. En una carta pública reflexiona sobre el país, las intenciones del presidente, las probabilidades de éxito de la oposición en la elección de este año y, sobre todo, transmite su sentir a López Obrador. Todo eso, con el aderezo de la decisión de su partido de presentarse en solitario en la elección de junio próximo. 

Dante habla como  “consigliere” y no como oposición, tal vez porque siempre ha simpatizado con la imagen y las ideas de Lopez Obrador: algunas asistencialistas y algunas conservadoras. No es cosa menor: Delgado mira un vacío en la oposición, que no ocupan y menos llenan el pri ni el pan (partidos históricos y que tendrían que encabezar la oposición a Lopez Obrador).Como se ha señalado en este espacio, la apuesta del partido de Dante es acercarse a Morena y en 2024 ser el primero en alzarle la mano a Marcelo Ebrard de cara a la elección presidencial.

Por eso, el discurso de Dante ya no es de confrontación, sino que reflexiona en público sobre las cualidades y errores de López Obrador. La oposición lo mira con recelo porque le quitará votos a Acción Nacional y porque la decisión de ir en solitario en la elección fraccionará el voto antilopezobradorista. Pero es que Dante y MC tenían una opción poco atractiva para quedarse en lo que ahora es Va por México: ser socio menor en una coalición que incorporaba al PRI como socio y en donde la voz de Dante se volvería cada vez más marginal, siempre a la espera de lo que dijera el líder de Acción Nacional. En otras palabras, seguir los pasos del PRD. 

Dante Delgado y su partido parecen ser los únicos que tienen una estrategia clara en las elecciones, aunque la forma y la decisión de presentar a algunos candidatos impresentables sea muy cuestionable. Mientras que Morena no sabe más que asirse al mástil que representa López  Obrador y la coalición Va por México no ofrece más que la aglomeración de escudos y la consigna de que el ocupante del Palacio es un peligro para el país (básicamente lo mismo que desde 2006), Dante quiere que su partido se fortalezca y crezca, a fin de volverse el gran aliado de unos u otros.

La alianza Va por México le ha facilitado las cosas al presidente al presentarse unidos con el PRI (el rival histórico), por lo que Dante quiere distinguirse: no descalifica a AMLO, sino que discute en público con él. Dicho de otro modo: lo busca como aliado, aunque hasta ahora el inquilino de Palacio Nacional lo trate con desdén. Delgado sabe que si  logra mejorar en números la posición de su partido, podrá ofrecer una alianza clave a AMLO: resarcirle el número de diputados perdidos para cuando la situación lo amerite.

En otras palabras, Dante quiere convertir a su partido en fiel de la balanza. No suena mal para un partido despreciado por Acción Nacional y por una coalición de oposición que no supo mantenerlo en la alianza antilopezonradorista, y que ahora disputa al PAN la posición de partido hegemónico en el centro derecha del espectro mexicano (sin el lastre del pri).Dante y MC apuestan por dejar de ser enanos. No se trata de una mala noticia, pues estamos en presencia de la ambición de pequeños partidos que solo buscan conservar el registro y volverse sanguijuelas  de Morena, el PRI o el PAN. Y Dante quiere distinguirse. 

Incomprensión presidencial

La peor faceta de Andrés Manuel López Obrador lo muestra como un antifeminista. No se trata de una incorrección política, sino de una incomprensión de la realidad. Las mujeres han sufrido en Occidente (y en este país machista) por la opresión de un sistema donde impera la desigualdad.

La violencia ejercida contra la mujer en nuestro país es motivo de vergüenza. En especial, durante las últimas dos décadas: el recuento de miles de historias de mujeres golpeadas, violadas y asesinadas es la punta de un iceberg sinónimo de una sociedad desigual, machista, intolerante y solapadora de la impunidad. 

En este contexto, Morena decidió arropar a Felix Salgado Macedonio como su candidato a gobernador en Guerrero. Aunque no se trata solo Félix Salgado: es Peña Nieto casándose con Angélica Rivera, es Felipe Calderón haciéndose de la vista gorda con Mario Marín o Zedillo y Vicente Fox sin respuesta alguna ante las Muertas de Juárez. Es la clase política, es la sociedad haciendo como si estuviéramos en un día de campo y los agravios fueran menores. 

Y las mujeres de Morena han dado la voz de alarma. Algunos dirán que las mueven motivos políticos, pero razones no les faltan a las morenistas porque su voz es de hartazgo y porque un impresentable sonríe como candidato. 

En este contexto, las miradas se han dirigido al jefe de ese partido, Andrés Manuel López Obrador. Solo los ingenuos no ven que el verdadero factótum de ese partido despacha en Palacio Nacional y quieren sacarlo de la ecuación -es más, el mismo AMLO se lava las manos y alega que sale de su control. ¿Alguien duda, por ejemplo, que se reunió hace un mes con Clara Luz Flores, la candidata de Morena al gobierno de Nuevo León, como jefe de partido y no solamente para tener un “desayuno amable y constructivo”? Sostener que AMLO no tiene vela en este entierro, no es solo ingenuo, sino risible. 

La realidad muestra a un presidente que no ha sabido lidiar con el problema. Solo se le ocurre decir que el pueblo de Guerrero decida, cuando exactamente esta no es una cuestión de legalidad o de resultado de las urnas: es una cuestión de apariencia y empatía. El presidente afirma defender la igualdad, pero es poco empático con quienes reprochan a su partido por postular a una persona acusada de cinco violaciones. Recurrir al argumento de la legalidad es pasar por alto la impunidad reinante en este país. 

La dirección de Morena y el presidente no han ponderado el momento político: se creen capaces de postular a cualquier persona, con antecedentes nefastos, ganar la elección y salir impunes. Y esto no pasará: la animadversión contra la postulación de Salgado Macedonio puede costarle muy caro al partido de López Obrador, no forzosamente en la elección de Guerrero, sino en la percepción de cambio que pregona en su discurso. ¿Cómo afirmar que son distintos, que todo cambió, que las mujeres se deben sentir más seguras, si a la vez se postula a Macedonio con cinco denuncias de violación a cuestas? Si se atiende a la legalidad, Macedonio no ha cometido delito alguno y ni siquiera ha sido juzgado, pero la legalidad es un trapo viejo de la política mexicana que los políticos ondean cuando se sienten arrinconados. 

El presidente ve una campaña para descarrilar a Macedonio, lo cual puede ser cierto o no, pero omite considerar que el problema no es que los adversarios cuestionen, sino la postulación de un personaje tan cuestionado. Que haya una campaña para golpearlo políticamente no borra las cinco violaciones por las que se le acusa. Además, ¿quién dijo que no se puede concertar una campaña contra un presunto violador o contra políticos con actitudes machistas? ¿No acaso muchos medios y políticos denunciaron el matrimonio por conveniencia entre Peña Nieto y Angélica Rivera? ¿No acaso el propio presidente señala una y otra vez las tropelías de García Luna y de Calderón, quienes, al igual que Macedonio, no han sido juzgados y no han recibido sentencia que los incrimine? La legalidad no es un árbol que dé sombra ante los señalamientos que en pleno rayo del sol descubren a Macedonio y cuestionan la sensibilidad (o la sensatez) del presidente y de su partido. 

No vale alegar que el pueblo decida, porque la decisión cuestionada es la postulación de Macedonio, no el resultado de la elección; y porque ni siquiera un resultado favorable a Morena podría considerarse suficiente para validar una postulación que ofende por las violaciones pendientes de esclarecer y por el momento de transformación feminista que vive y exige el país. Y porque el presidente parece no escuchar: una tormenta se aproxima y no lo va a encontrar bien resguardado. No es una tormenta, es un huracán: son las mujeres, que demandan justicia e igualdad.