Las declaraciones del gobernador de Puebla contribuyen a las crisis de credibilidad que atraviesa, pero las causas de sus crisis son mayores que unas “desafortunadas” declaraciones (con las que el gobernador poblano se retrató y minimizó la capacidad de las mujeres para encabezar gobiernos en localidades inseguras).
Sus crisis tienen un triple origen: su equipo, sus resultados y su comunicación.
El equipo: la elección de 2027 (y ya ni se diga la de 2030) se le ha complicado al gobernador. Su partido puede perder las elecciones en la entidad, aunque su principal dolor de cabeza es el proceso de selección de su partido porque los perfiles que rodean al mandatario poblano no tienen ni las tablas, ni la popularidad, ni la eficiencia o el oficio que se requiere para pelear por candidaturas importantes frente a otros cuadros de Morena. El colmo son las ocurrencias: el armentismo amagó con una reforma constitucional para bloquear las aspiraciones de sus principales adversarios para la elección de 2030. Reculó de esa tontería pero el mensaje de incapacidad quedó grabado: sólo quien se piensa sin capacidad trata de bloquear de forma burda las aspiraciones de sus contrincantes . Un ejemplo más es la secretaria de Bienestar, Laura Artemisa García, quien durante dos años promovió su imagen hasta la saciedad (en pasquines que cobran por subir una portada de una entrevista en espectaculares) y nunca despuntó para ser tomada en serio para la candidatura a la presidencia municipal de Puebla. Dispendio sin resultados: “Quod natura non dat, Salmantica non praestat”. Lo que es lo mismo: cuando la aspirante es mala, no importa los millones que se inviertan.
Por otra parte, Gaby “La Bonita” Sánchez (Secretaria de Deporte) puede ser la solución del armentismo, pero es un mal chiste para los poblanos. Es una profesional del boxeo, no de la política. Muy caro lo pagaremos los poblanos si el chiste se convierte en pesadilla.
El gobernador se queda sin poder colocar a operadores de peso en puestos clave en 2027 y pierde cartas de cara a 2030. Al igual que otros gobernadores, carece de un grupo que le ayude en las tareas de gobierno de manera eficiente y de políticos que lo fortalezcan como líder del grupo en el poder. Por el contrario, en la fila armentista sólo se reconocen subordinados.
Asimismo, el gobernador no ha comprendido que los leales sirven para acompañar, pero no para dar resultados: ese es el segundo problema del gobernador poblano. El gobierno armentista es gris -por decir lo menos. La inseguridad crece (como nunca), la inversión extranjera se desploma (especialmente en lo que va del año), el empleo se estanca, y son pocos los rubros que puede presumir con resultados medianamente buenos.
Lo más preocupante es el empecinamiento del gobierno con la construcción del Cablebús (un sistema de transporte que moverá a 20,000 personas al día, a un costo exorbitante). Si hubiese transparencia y se hubiese socializado el proyecto, las críticas aminorarían, independientemente del costo. Pero al ser tan opaco, las dudas se fortalecen sobre los beneficiarios reales del proyecto.
El gobernador no echará para atrás el Cablebús, pero esta obra terminará siendo un monumento al despilfarro, a la opacidad, y hará estragos en el bolsillo de los poblanos. Sorprende que un político veterano como Armenta se enganche en la línea de las obras faraónicas que muy poco benefician a la población. Estas nunca han dado buenos resultados y todos los gobernadores han salido tiznados. Pero la línea del gobierno está trazada hasta el momento sobre los pocos resultados y las ocurrencias (el nombramiento de secretarias sin experiencia y claramente incapaces para liderar ciertos espacios es un botón de muestra).
El último problema que aflora en las crisis del gobernador es de comunicación. Armenta ha olvidado algo en lo que era experto antes de llegar a la silla principal de Casa Aguayo: callar.
El mayor enemigo de Armenta es Armenta. Cuando habla se mete en problemas. Cicerón decía que la prudencia es saber distinguir entre las cosas deseables y las que deben evitarse. Y bien le vendría al gobernador evitar ciertas declaraciones que lo han metido en una crisis tras otra. A esto hay que sumar algo inédito: Alejandro Armenta ganó la candidatura de su partido teniendo a los medios de comunicación de la entidad en contra, precisamente porque a los medios financiados por el gobierno les pagaban para “pegarle” a Armenta y elogiar a otros aspirantes. Una vez en el poder, Armenta confía en esos medios intrascendentes para comunicar sus acciones de gobierno. En esos medios con poca o nula credibilidad confía. No los necesitó antes por intrascendentes, y piensa que ahora los necesita porque ya cambiaron. A Armenta le convendría recordar que una mentira no se hace verdad por repetirla mil veces; mucho menos si la caja de resonancia es propiedad de los buitres del presupuesto dispuestos a repetir (como lo hicieron con sus antecesores) que “él es el mejor gobernador del país” y que “todo marcha bien” en una Puebla con una grave crisis de inseguridad, desempleo y con un futuro entre gris y negro