“…Había dicho que nunca las publicaría y que no quería recompensa alguna y, por supuesto, era una manera de hacerle saber que planeaba todo lo contrario. Insistió en que era un hombre de principios para informarle que era un delincuente inescrupuloso, decidido a sacarle el alma, a desplumarlo, aterrándolo con el espantajo del escándalo”

Cinco Esquinas, Mario Vargas Llosa.

 

 

Rolando Garro se parece a un periodista poblano.

Un periodista poblano se parece a Rolando Garro.

Garro es un personaje de la novela más reciente de Mario Vargas Llosa, Cinco Esquinas, que entiende su condición de periodista de manera sui generis.

La obra del Nobel peruano no es la mejor de sus creaciones, pero pone sobre la mesa la interesante relación (a veces perversa) entre periodismo y poder. Garro asume el chantaje como una necesidad periodística, en un Perú donde el autoritarismo se impone en todas las esferas.

El Perú de Fujimori y Montesinos está lejos de ser la Puebla en la que vivimos, pero encuentra una especial similitud en la relación entre la prensa y los hombres de poder. En todas sus facetas, los hombres de poder han apresado al periodismo y éste ha cedido al canto de las sirenas, por supervivencia, por necesidad o por conveniencia. Entre el Montesinos que dicta un titular y los hombres de poder poblanos que tiranizan (y han tiranizado) a la prensa no hay mucha diferencia, porque en ambos casos se desdeña la labor del periodista. Los fines cambian, aunque los desprecios se equiparan.

Garro se parece a un periodista poblano, o viceversa, porque su periodismo es deleznable, pero se trata de un personaje que solo puede surgir en una cloaca, en un ambiente donde el poder menosprecia la crítica y aplasta al periodista, ya corrompiéndolo, ya estrangulándolo (sobre todo, económicamente). El periodista entregado y chantajista aparece, se desarrolla y se empodera en un ambiente propicio para el ejercicio de la corrupción, donde la clase política y el periodista convenenciero son igual de culpables.

Los “Montesinos poblanos” han favorecido el auge del periodismo corrupto que goza de tanta impunidad como la misma clase política.

En uno de los pasajes de la novela, un personaje menor recibe un consejo peculiar para tratar de detener los ataques que le asesta Rolando Garro, el periodista chantajista:

—Una visita simpática y un regalito al señor Garro…

—Ah, caramba —se asombró él— ¿Así funcionan las cosas?

—Así funcionan las cosas con los periodistas memeleros.

En cierta forma, la diferencia entre el Perú de Cinco Esquinas y la Puebla actual es que las memelas se sustituyeron por tlacoyos.

Tiempo extra 

La Retaquita. En la novela de Vargas Llosa, Rolando Garro tiene una fiel aduladora: La Retaquita. Personaje clave en la historia, La Retaquita es parte de la podredumbre. Sin embargo, en un momento de lucidez desnuda a un régimen totalitario para luego volver al periodismo amarillista y carroñero; naturaleza llama. En Puebla hay muchas “retaquitas”, aunque sin el valor de enfrentar a un régimen.

PanamaPapers. Gran reportaje el encabezado por Süddeutsche Zeitung –y en el que colaboró la revista Proceso-, que desnuda la evasión fiscal en grado supremo. Apenas comienza la filtración. Algún poblano tiembla.

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