Ana Teresa Aranda; 2018 a la vista

Estrategia fallida

El estratega que buscó cerrarle el paso a Ana Teresa Aranda se equivocó y dejó en el ambiente una sensación de cerrazón, autoritarismo y torpeza.

Para empezar, no se entiende la importancia que se le ha dado a Aranda. La especial vigilancia que se le ha puesto a la exsecretaria de Estado resultó dañina porque pareciera que el Estado está impidiendo el triunfo de una mártir de la justicia y la democracia, cuando Ana Tere está lejos de serlo.

Aranda era panista en agosto de 2015 y, aunque la autoridad electoral le permitirá presentarse como independiente, nadie debería olvidar que un día es azul, otro día coquetea con Morena (quiso ser su candidata), antes lo hizo con el Verde (en el proceso federal de 2013) y hoy dice que ella es una candidata ciudadana.

Ana Tere fue panista y se presentará como independiente porque la reforma electoral no se le podía aplicar de manera retroactiva –en ello le asiste toda la razón al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación–, pero Aranda es una política que camina, hace política y odia al gobernador como muchos panistas. Pretende quitarse el disfraz panista después de la fiesta que duró muchos lustros, cuando hace apenas unos meses quiso ser parte de la dirección de dicho partido. Sólo los ingenuos y los maquiavélicos creen que es una candidata independiente.

A pesar de todo, el resultado es uno solo: Aranda es candidata después de un periodo tortuoso en el que la autoridad electoral y sus enemigos panistas pudieron darle cabida sin ruido en una contienda en la que todo mundo sabe que el gobernador es su objetivo. El temor hacia Aranda no la ha hecho crecer, pero sí ha fortalecido el discurso de que el gobierno del Estado usa las instituciones de manera política y electoral.

 

¿Quién ganará el voto contra el morenovallismo?

El resultado deja a dos perjudicados: el gobernador y el candidato Tony Gali. La estrategia contra Aranda falló en términos jurídicos y políticos (por más que se quiera divulgar la idea de que se trató de evitar el posicionamiento y fortalecimiento de Aranda, lo cual resulta hipotético). El gobernador (no se entiende quién más) decidió obstaculizar su arribo a la boleta del 5 de junio y su error acrecienta la idea de su intransigencia.  Gali, por delfín, paga los platos rotos.

 

La entrada de Aranda a la contienda electoral hace que los próximos comicios sean diametralmente opuestos al 2010. En ese entonces, había dos sopas y ganó la que expresaba de mejor manera el hartazgo. En 2016, hay muchas opciones y jugadores que entre sí no necesariamente suman al PAN, pero tampoco al PRI. La irrupción de Morena, PRD y ahora de Aranda como opciones políticas puede que no beneficie al PAN, pero se puede asegurar que quien vota a Morena difícilmente votaría por Acción Nacional; quien vota por el PRD está más cerca del PRI que del PAN y quien vota por Aranda sí está más cerca del espectro ideológico de Acción Nacional.

Esas tres opciones tienen un común denominador: su antimorenovallismo. Una oposición en la que el voto en contra se fragmente es siempre favorable al gobierno en un sistema como el nuestro. El PRD, Morena y Aranda pueden obtener votos a partir de la animadversión hacia Moreno Valle. Mientras no los gane el PRI, Gali podrá estar tranquilo.

Un escenario en que el PRI gane el voto antimorenovallista con Ana Tere como escudera sería muy paradójico y contradictorio: Aranda ayudando a ganar al PRI. El partido al que tanto combatió puede ser quien se beneficie de la irrupción de Ana Teresa en la campaña.

Para Gali la lectura es única: creer que Ana Teresa es más peligrosa dentro de la contienda que fuera de ella es el gran pecado morenovallista.

 

La estrategia de Ana Tere

¿Por qué se aferró Ana Tere a aparecer en la boleta? No por un espíritu ciudadano. Aranda ha tenido una carrera que en más de dos décadas muestra poca empatía y preocupación por la ciudadanía.

Ana Tere quería y quiere la candidatura para golpear al gobernador. Esa es la razón más superficial, aunque no deja de ser cierta.

El trasfondo de su reciente amor por los independientes es la elección de 2018. Aranda no aspira a gobernar. Ella sabe que no tiene probabilidades de triunfo en 2016 ni en 2018 (senaduría), pero su intención es destruir la imagen del gobernador de Puebla.  Por eso, el discurso de Aranda no debe leerse en clave de 2016.

En el fondo, sus acuerdos con Gali siguen firmes y a él no lo tocará con el pétalo de una crítica. A quien señalará y tildará de autoritario, saqueador, represor y precursor del mal será a Moreno Valle. La actuación de Aranda tiene como línea discursiva el 2018. El calderonismo tendrá en ella a su candidata, una vez que ha perdido el PAN a manos del gobernador poblano. Aranda no es una candidata independiente, sino un apéndice de la ramificación que Margarita López Zavala construye de cara al 2018.

La derecha juega una partida interesante en Puebla (al igual que en Veracruz) en 2016. Sólo los ingenuos creen que Casa Puebla es el objetivo. Ana Teresa es una pieza más. El morenovallismo se centró mucho en el peón, cuando la Reina (Margarita) tendría que ser su verdadera preocupación..

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