La gran deuda de Moreno Valle

Mario Marín y su grupo esperan con ansia el fin del gobierno de Moreno Valle. 

La razón es doble: piensan que pueden operar políticamente con Moreno Valle fuera de Casa Puebla, y creen que el tiempo y el desgaste del gobierno morenovallista ayudarán al olvido del ominoso pasado que fue el gobierno del Gober Precioso.

Marín es el villano favorito de Moreno Valle y sus periodistas, pero lo innegable es que el morenovallismo no acabó con el marinismo. No quiere decir que no lo haya vencido en 2010, 2013 y 2016, sino que ni Marín ni los pesos completos del marinismo fueron sentados en el banquillo de los acusados. En otras palabras, el marinismo no rindió cuentas. 
El integrante más importante del marinismo que fue juzgado y ahora se pasea con libertad fue el exsecretario de Salud, Rodolfo Arango. Pero ni él ni Montemayor -el encargado de medio ambiente del gobierno de Marín, perseguido a últimas fechas- eran tan importantes como García Ramírez, Zavala, Lastiri o Armenta, por mencionar algunos. 

Las victorias electorales del morenovallismo puede que llenen el orgullo de los seguidores del gobernador, pero son poca aportación para el combate a la corrupción y a la impunidad que caracteriza a este país.

El marinismo fue la época más oscura del pasado reciente de Puebla y en eso les asiste la razón al todavía gobernador y a sus fanáticos. Pero, si eso es cierto, también resulta inverosímil la ausencia de castigo a quienes gobernaron el Estado durante ese oscuro periodo. 

¿Por qué no se castigó a Marín y sus compinches?

¿Fue falta de valor del morenovallismo ?

¿Fue negociación con el presidente de la república en turno?

¿Fue incapacidad del morenovallismo?

¿Fue habilidad de Marín y su grupo para evitar ser juzgados durante el periodo de Moreno Valle?

La respuesta puede variar, pero en cualquier lugar significa una deuda del gobierno que termina en medio de triunfos electorales y de claroscuros.

El morenovallismo pudo juzgar al marinismo y dejar un mensaje simbólico. En democracia, tan importante es el resultado (el juicio) como el mensaje (la percepción de que los delitos se persiguen).

Tal y como termina el sexenio, queda la sensación de que los convenios políticos prevalecieron sobre la necesidad de fortalecer el Estado de derecho en Puebla. El grupo en el poder prefirió el pragmatismo de la negociación, por encima del tortuoso camino de la justicia. Allí quedó retratado el morenovallismo. Para bien y para mal.

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