La victoria cantada se convirtió en la pesadilla no deseada. 

El escenario más temido se hizo realidad y Donald Trump gobernará los Estados Unidos de América. Nadie lo esperaba y se trata de la sorpresa electoral más grande de todos los tiempos. 

¿Qué le queda a México?

Un escenario gris, pero tan complicado como lo hubiera sido con Hillary Clinton como Presidenta. México sufre por ser el vecino del país más poderoso del mundo y no le queda más que lidiar con esa situación.

México tendrá que plantear una agenda menos provinciana y por fin mirar a otros horizontes para buscar nuevos aliados. Sin embargo, hay temas que tendrá que seguir lidiando en su relación con los Estados Unidos: migración, economía, política de drogas y apoyo militar. La llegada de Trump no implicará un cambio mayúsculo: ya con Obama hubo una expulsión de millones de migrantes; la economía de México -con Trump y sin Trump- no está preparada para dejar de depender de su relación con los Estados Unidos; la política de drogas es un tema en el que paso a paso se va logrando la legalización de la mariguana, pero en el que Estados Unidos fija la agenda de combate; y la dependencia mexicana en temas militares es patente y vigente, sobre todo a partir del Plan Mérida.

En realidad, el panorama mexicano es gris no por culpa de Donald Trump, sino por décadas sin crecimiento y sin desarrollo. 

Toca ahora lidiar con la realidad que se llama Donald Trump y que ha amenazado a los mexicanos. Las propuestas de soluciones pueden ser simplistas, pero al gobierno mexicano bien le haría deshacerse del disfraz de víctima y asumir una actitud no beligerante, sino de dignidad y con visión globalizadora para que se deje de lado la sumisión, la dependencia, la victimazion en nuestra relación con Estados Unidos. 

Porque  eso, hace falta decirlo, va más allá de la elección de Donald Trump.

Serán 4 años complicados para los mexicanos. Pero más dura es la desigualdad que azota al país desde hace cinco décadas. Tendríamos que preocuparnos por esto último: porque nuestro voto y nuestras instituciones funcionen solo aquí. Con la elección de un presidente americano no podemos hacer mucho: solo mirar con espanto y buscar soluciones a los problemas que genera.

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