Desde hace meses, algunos hemos sostenido que la elección de Estados Unidos estaba casi decidida a favor de Hillary Clinton; que ganará la votación popular por 7 puntos porcentuales y que ganará algunos de los Estados “oscilantes” con un margen importante respecto a Donald Trump. 
A unas horas de que comience la votación con la que se elegirá al 45º Presidente de los Estados Unidos, solo un milagro podría hacer ganar a Donald Trump y todo indica que Clinton será electa con más de trescientos votos el colegio electoral. 

Una característica de esta elección es que, como nunca, existen muchos analistas con poco o nulo conocimiento de las características de la elección estadounidense. Por ejemplo, se trata de una elección en la que la votación popular no es determinante porque el colegio electoral decide quién será el Presidente de los Estados Unidos. En más de una ocasión el colegio electoral ha elegido a quien no obtuvo la mayoría de electores: no solo revirtió la voluntad popular, sino que no eligió a quien “debía” haber sido electo dado el número de electores obtenidos. De ese tamaño es su importancia y su poder político. Por eso, era risible la preocupación de los analistas cuando las encuestas mostraban un “acercamiento” de Trump en las preferencia electorales. 

La elección de este martes es sin duda la más mediatizada y probablemente la elección más observada en el mundo. Nadie quiere a un fascista en la Casa Blanca por el poder militar que tiene el Presidente Americano, pero eso ha dejado de lado los verdaderos beneficios de elegir a Hillary Clinton. En otras palabras, se está eligiendo el mal menor, aunque ninguna de las propuestas de Clinton ni su campaña ha sido transformadora o revolucionaria.

Además, estamos en presencia de la elección más aburrida en las últimas dos décadas y con dos candidatos que recuerdan a Bush y Gore en el año dos mil, lo cual ya dice mucho por la falta de conexión con el electorado. 

No se malinterprete: impedir la llegada de Trump no es una cuestión menor, porque su irrupción constata un fortalecimiento de un movimiento de extrema derecha. Se trata de una tendencia que volvió a aparecer en los noventas en la escena internacional y que paso a paso se ha colocado a las puertas de la Casa Blanca, pero también se colocará nuevamente a la puerta del Eliseo en Francia o que ha ganado terreno –otra vez- en Alemania. 

Así, la elección de este martes tendrá un ganador (Clinton, seguramente), y a muchos les encantará el resultado y festejarán, pero lo que no se puede olvidar es que Trump tendrá 40% ó 45% de la votación. 

Trump es lo de menos, a pesar de ser importante. 

Trump y el fenónemo Trump terminará este martes. 

Sin embargo, el 45% que le votará seguirá allí, esperando un mejor candidato del lado republicano o uno peor del lado demócrata. 

Esta historia no ha terminado: eso es lo preocupante. 

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