Miguel Ángel Mancera y Margarita Zavala han expresado de manera clara su aspiración presidencial. Además de su tempranero arranque, tienen en común que no se destapan en su mejor momento. 

La esposa de Felipe Calderón vive horas bajas en el PAN. El grupo político que apoya su aspiración es el de su marido, pero resulta ser un equipo resquebrajado que encuentra adversarios y aliados comunes al exterior del PAN, pero que en Acción Nacional ha dejado de tener unidad. Javier Lozano, Max Cortázar y Roberto Gil, por citar algunos nombres, no apoyan a Margarita, pues sus intereses y afinidades están a favor del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle.

El lugar ocupado por Madero y por Moreno Valle como actores principales de Acción Nacional, sobando el lomo o castigando a los vástagos de Felipe Calderón, es consecuencia de un grupo calderonista sin liderazgo que, al cabo de tres años, tuvo que encontrar aliados y refugios, después de la natural resaca por la pérdida de poder.

Ese grupo resquebrajado y en el que Calderón quiere volver a imponerse como líder o Margarita como candidata –como se prefiera–, tiene poco a favor y mucho en contra: tiempo le sobra, pero aliados le faltan.

Por su parte, Miguel Ángel Mancera parece una caricatura del político de 2012. Mancera ha dicho que aspira a la presidencia de la república en 2018, pero lo que no sabe y no ha respondido es cómo piensa mejorar un gobierno que carece de credibilidad y ha perdido una parte importante de su poder.

Mancera no quiere enterarse que la elección de hace dos semanas le restó control sobre la asamblea legislativa del Distrito Federal –la misma que aprueba su presupuesto y controla su gasto– y que “su” partido perdió la mayoría de delegaciones en el Distrito Federal. 

Mancera reniega del PRD (incluso dice que se postulará como independiente), pero resulta ser que el PRD es el único instituto que podría apoyarlo para la elección federal y, sobre todo, es el partido que necesita los próximos tres años para gobernar la ciudad de México. Lo que sucede en la ciudad de México, entre otras cosas, es una crisis del gobierno de Mancera y del PRD, aunque el Jefe de Gobierno no lo entienda o no lo quiera entender.

No obstante, Mancera tiene dos ventajas: tiempo y poder. Tres años son una eternidad para construir una candidatura presidencial atractiva. Margarita Zavala lo sabe y, por eso, ambos han iniciado su andar hacia Los Pinos. El poder que le falta a Margarita le sobra a Mancera, aunque la panista reconoce al partido como arena inhóspita donde se deciden candidaturas presidenciales. Gobernar no garantiza poder en el partido ni decisión en las candidaturas presidenciales. El grupo de Calderón sí lo sabe: en la minoría y en batalla partidista gestó su poder. Miguel Ángel Mancera desconoce cuan complicada puede ser la lucha por una candidatura; sufre aún la sordera que causa el poder.

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