El árbol gemelo

Mi amiga me ha dedicado una columna que vale una vida. Porque eso valen los amigos. Una vida.

http://www.sexenio.com.mx/columna.php?id=8533

Árbol Gemelo. Escribe la gran Alejandra Gómez Macchia:

CAZA DE CITAS

“El árbol gemelo (Apuntes sobre ninfomanía y complicidades)”

A Juan Manuel Mecinas. Porque no es mi árbol gemelo, pero es mi mejor amigo.

Dentro de la polémica película Nymphomaniac de Lars Von Trier hay una escena delirante: Joe, la narradora y protagonista, va en busca de “su árbol”.
Para quienes no hayan visto la cinta (por prejuicios o mera falta de tiempo o interés), Joe (siendo aún niña) visita en repetidas ocasiones un parque junto con su padre quien le dice que todos en la vida tenemos, en lugar de un alma gemela, un árbol gemelo.
La mitad del filme Joe se lo pasa teniendo sexo, pero llega un momento luminoso donde Joe, completamente atribulada, encuentra, al fin, su árbol gemelo.
La escena puede pasar desapercibida para los morbosos que esperan (relamiéndose los bigotes) ver tres horas y media de sadomasoquismo, gemidos y metesacas.
Creo que el público que vio la película fantaseando con la parafernalia lúbrica e irreal del porno, quedó completamente decepcionado y seguramente tildaron de light la obra de Von Trier, y de abúlica la interpretación de la hija de la bolsa Hermès más famosa del mundo (Jane Birkin) y del feo más cachondo de la escena francesa (Serge Gainsbourg).
Retomando el tema del árbol gemelo, creo esa escena no tendría tanta fuerza y la sutil belleza si no hubiera estado coronada con la Sonata para violín y piano de César Franck.
El romanticismo (musicalmente hablando) a tope, con los colores viejos (tanto del escenario como del violín) maridan exquisitamente con el monólogo interno de Joe.
En medio de la devastación física y mental del personaje, el paradójico equilibrio de un árbol austero y torcido (como la propia vida de la ninfómana).
La tesitura y el carácter indescifrable refuerzan el contexto de la historia: pasajes que van del tono mayor (en el despertar sexual de Joe niña) al cavernoso y melancólico tono menor en la doliente adultez de una vulva insaciable, y por consecuencia, atormentada.
Placeres agudos y dolores graves.

La hermandad árbol-hombre es un tema recurrente tanto en el arte como en la ciencia.
Formas fálicas, cortezas como escondrijos. Los ciclos solares pintados como anillos dentro del tronco. Arrugas, reverdecimientos, raíces, quemaduras, cicatrices.
El mejor poema largo de Octavio Paz se llama Àrbol adentro.
El sexto fresco de la Capilla Sixtina, El Pecado Original de Miguel Ángel, sostiene al demonio en forma de serpiente rodeando al Àrbol de la sabiduría.
En la mitología de Tolkien, los Entz son los sabios guardianes del bosque, y caminan y hablan y van a guerras.
Los naranjos (más bien mandarinos) en La Primavera de Boticelli como guiño a la familia Medici.
El discretoroble de los juramentos en Vizcaya, mejor conocido como El Árbol de Guernica, que simboliza las libertades tradicionales de Vizcaya y fue testigo del Bombardeo de Guernica en abril de 1937.
Los Árboles de durazno como en un sueño de Kurosawa.
El Árbol Sefirótico: mapa cosmológico de la Cábala.

El árbol como lugar común, como parábola del desarrollo y el desvío humano. En canciones populares, en refranes: “árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”.
Como el árbol en la cima solitaria de Joe.
Como el árbol de muchos de nosotros.
César Franck encontró su árbol a los 63 años y lo llamó Sonata para violín y piano.
Paz vio su pasado en claro arrellanado en el cuerpo de una Higuera, y encontró al amor de su vida debajo de un Nim en La India.
Cortés lloró su noche triste en un Ahuehuete (que luce enhiesto y fuerte en la obra de José María Velasco).
Yo vi mi árbol mientras corría en la Villa Borghese, en Roma: era un árbol pequeño, de raíces dispersas y retorcidas.
Supe que era mi árbol porque a pesar de estar quemado y tener un hueco en su centro, en las puntas nacían hojas nuevas y generosas: verdes, bailarinas.

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