Rosario Robles tendría que dejar la Secretaría de Desarrollo Social.

Hasta ahora, nadie acusa a la Secretaria de haber desviado recursos. Eso es difícil de probar. Lo que está más claro es que su mando es ineficaz. Resulta que la Secretaria ha dicho que ella instruyó a sus funcionarios para que no desviaran recursos, pero no la obedecieron. Eso no habla de su deshonestidad, sino de un incapacidad para que sus instrucciones se cumplan. Además, su capacidad para nombrar a los mejores delegados está también en duda. Por eso –sin entrar en detalles delictivos-, en una mínima lógica política, ella debería dar el paso a un costado o el Presidente pedirle su renuncia.

Pero parece ser que eso no pasará. El Presidente le ha pedido que aguante y el punto está entre si ella aguanta y si el Presidente, por su parte, también la aguanta.

Es paradójico que el #CasoVeracruz ha sido afrontado de la peor manera posible por la administración del “Nuevo PRI”. El primer error se presentó cuando decidieron que Robles se  encargara del control de daños, cuando es claro que el asunto la rebasa. La Presidencia debió tomar cartas en el asunto y que desde Los Pinos se afrontara la situación, porque la Secretaria no puede controlar los daños que impactan a toda la administración peñanietista. No lo decidieron así y las consecuencias las están pagando.

Asimismo, el discurso del Presidente en el que le pidió a Rosario Robles “aguantar” las “críticas” fue muy desafortunado. Si Peña se caracteriza por cuidar sus discursos, el pedirle a la Secretaria que resistiera las denuncias de corrupción en contra de sus funcionarios fue el beso del diablo. Hay dos opciones: o Peña se equivocó o quiso equivocarse.

La tercera caída en el calvario de Robles fue su comparecencia en el Senado, donde puso como parangón de su caso la grave herida que significa la guardería ABC. Robles tendría razón sólo en una cuestión: efectivamente, el caso ABC y el uso electoral de programas sociales son inaceptables porque afectan a los más débiles y, quienes con sus actos u omisiones los provocan, son servidores públicos de membrete; en realidad, son mercenarios del presupuesto. Patanes, pues. Y ella, en ese sentido, pareció identificarse con personajes de ese calibre.

El último desliz fue la filtración a los medios de grabaciones en contra de la familia Yunes por el uso indebido de programas electorales. Quien filtró las grabaciones buscó dos cosas: desprestigiar a los Yunes (lo que no era necesario, pero se agradece la colaboración) y atizar más leña al fuego. Robles, como nadie más, seguro estuvo en contra de las grabaciones. Digamos que le traen malos recuerdos y ahora le ayudan poco. Enlodan un asunto de por sí muy sucio.

Lo más curioso en todo este galimatías es el papel de la Presidencia de la República. A mi entender, o se ha equivocado o ha hundido a Robles. Lleva un desprestigio a cuestas, cierto, pero el control de lo que estaba en riesgo (el Pacto por México) parece haberlo hecho con los siempre dispuestos y leales partidos de “oposición” que lo arropan. A Peña Nieto lo que le preocupa es que avancen las reformas (ese gran señuelo para engañar a quien se lo crea) en el marco del Pacto por México. Si para sacar adelante ello tiene que prescindir de Robles, lo hará.

El tiempo (días, semanas, meses) dirá si a Robles le cortan la cabeza con la venia de quien la pone en charola de plata o, por el contrario, estamos en presencia de un error garrafal de esta administración.

Veremos cuánto aguanta Peña a Rosario. En su decisión va implícita la imagen del Nuevo PRI (que quiere alejarse del Viejo PRI). Aunque, para desgracia de todos, no será nada más allá de la imagen.

 

 

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