Recuerdo de un sexenio de agonía

Asisto a la “Conversación” por la curiosidad de saber si hablará en serio.

Dudo que lo haga y el paso de los minutos lo confirma.

La silla de metal es tan incómoda como monótono el discurso.

La seguridad llama la atención: en el mismo foro habían aparecido Solana, Milliband, Kirchner, Rousseff y no había un policía cada dos metros.

Hoy, en cambio, el hombre de la seguridad como eje hace gala de ella.

El Decano no pregunta, sino que tiende el tapete.

Actúa como impulsor, que no como anfitrión.

En un ambiente “privilegiado”, Calderón habla de las “bondades” del gobierno que encabezó o de que conoció sus errores en su primera clase de liderazgo.

No dice que haya puesto en práctica la lección. Ni falta que hace.

Su discurso es vacuo. Sólo se encuentran cifras sueltas y la referencia a las grandes crisis que enfrentó y de las que salió “airoso”.

Pero no habla de todas las crisis.

La social y la política las omite; las razones son obvias.

Felipe Calderón, de traje azul marino, es arropado porque es parte de la comunidad, pero se nota que no es un genio que deslumbre con sólo abrir la boca.

La mayoría asiste por curiosidad y sale del foro tan aburrida como ver pasar un cortejo fúnebre con el sepulturero con la pala al hombro.

Felipe se parece a Peña; el discurso es cuidado, aprendido, sin lugar a la espontaneidad. Vienen de la misma escuela.

Las preguntas son igual de aburridas que la media hora inicial de monólogo.

Hay quien se abanica y hay quien resopla.

La mayoría mira el twitter o revisa el facebook, porque lo que oímos ya lo sabemos: que entró por la puerta de atrás, que hubo la crisis del 2008, la de la gripe, que está a favor del libro comercio, que se queja de la oposición que no le favoreció y que, en cambio, ahora beneficia a Peña.

Su discurso es un antídoto contra el insomnio y resume el neoliberalismo mexicano.

Sólo dos cosas me incomodan más que la silla: dice que no declaró la guerra al narco (y ahí recuerdo su “célebre” diciembre de 2006); y afirma que la ejecución de 15 jóvenes en Juárez fue el momento más delicado de su administración –me incomoda porque omite decir que no fue bienvenido-

Y omite a la guardería ABC y me incomoda más.

Y ni mención de la tragedia de los inmigrantes que pasan por México.

Y me incomoda más

Porque en Estados Unidos, en un foro importante, que un político mexicano no hable de inmigración es casi un pecado (para él, que es tan religioso).

Es pasar de noche; justo lo que ha hecho Calderón en Harvard: ha pasado de noche.

Se ha sumergido en el país de las maravillas.

Y la silla resultó más cómoda, que la hora que recuerda un sexenio de agonía.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: