En una película bellísima, titulada “Las consecuencias del amor”, Paolo Sorrentino hace una crítica puntual a quienes trabajan para la mafia. A su vez, el filme es una defensa a la honradez de todos aquellos que se ganan la vida de manera honesta, y una añoranza de la amistad a pesar del tiempo y la distancia.
No importa si viven en Suiza , ganan millones de dólares y visitan bancos donde los empleados cuentan su dinero: losmafiosos y sus trabajadores son solitarios y viven vidas en las que envidian al electricista que hace el trabajo más arduo y más complicado, que tal vez otros (muchos otros) no quieran realizar, pero envidian su libertad. El electricista puede defender libremente lo que hace; puede gastar su dinero sin voltear a ver la reacción de la autoridad fiscalizadora; y no necesita lavarse la cara con dinero.
Recordé la película de Sorrentino al comprobar, una vez más, que en este país trabajar para el crimen organizado puede dejar grandes dividendos, no tiene consecuencias penales, pero esos trabajadores carecen de libertad. Están atados a las mafias que les dan millones pero que los obligan a trabajar para el círculo del crimen organizado, y ese círculo es infinito.
La película de Sorrentino trata sobre un trabajador que es condenado por la mafia a realizar una actividad que le impide disfrutar de su libertad. Vive en Suiza, viste lujosamente, tiene coches de ensueño, pero es infeliz.
Ese mismo trabajador, tropicalizado, se llama facturero en el México actual. Son personas que lavan dinero para los cárteles de la droga y para el crimen organizado, aunque son incapaces de reconocer la actividad en la que “trabajan”. Sus ganancias son innegables, y consisten en un porcentaje mínimo del dinero que otros contribuyentes quieren hacer pasar como un gasto fiscalmente deducible, pero que en realidad nunca se hizo o se hizo en menor cantidad. Para ello necesitan la complicidad de notarios, corredores públicos, funcionarios del SAT y de los gobiernos estatales y municipales. Todos ellos permiten la creación y funcionamiento de empresas fantasmas que emiten facturas sobre gastos o servicios que servirán para deducir impuestos, pero esas empresas no existen y solo “justifican” un servicio o un gasto que en realidad nunca se realizó; lo “justifican” con una factura emitida electrónicamente. ¿Quién le da el dinero al factureros para devolvérselo al contribuyente que quiere evadir impuestos? La respuesta es obvia: los carteles de la droga y el crimen organizado.
Esos factureros terminan ganando millones y terminan siendo intermediarios entre la mafia y contribuyentes que quieren evadir impuestos.
Los factureros se han vuelto una constante en el país porque el mayor “comprador” de facturas es el propio gobierno (estatal y federal). El gobierno justifica con ciertas facturas que ciertas obras se hayan realizado, aunque en verdad nunca se hayan hecho o su costo haya sido infinitamente menor. Y la segunda razon por la que los factureros pululan es la ambición de los contribuyentes que quieren evadir impuestos y el sistema que se los permite.
Los factureros presumen sus riquezas, sus camionetas, sus incoherencias, aunque su trabajo y sus actividades no justifican su dinero; ellos son el eslabón menor del crimen organizado, y piensan que su dinero les permite presentarse como empresarios y soñar que en realidad lo son.
Recordé la película de Sorrentino porque imagino que la mayoría de mexicanos le dan mayor valor al trabajo del electricista que al del facturero. Y tal vez en esa convicción se asienta nuestro destino como país: ¿en verdad le damos mayor valor al trabajo del electricista o al del facturero? Algunos no tendrán empacho en admitir que preferirán mil veces ser factureros y vivir como tales que ser electricistas y vivir con un presupuesto mucho menor. Aún pienso que la mayoría de mexicanos prefieren vivir como electricistas que formar parte de las filas de los cárteles de la droga y del crimen organizado. Que el hecho de vivir como facturero no vale la pena. Que la vergüenza de serlo es innegable. Y que el hecho de no ser sancionado penalmente no le quita lo criminal a su actividad.