Puebla sin Zidane

 Cuando jugaba en la Juventus de Turín, a Zinedine Zidane –el genio más grande del fútbol junto con Cruyff- le obligaron a utilizar ambas piernas para tocar el balón y recibirlo, porque el entrenador insistía en utilizarlo como volante por izquierda. Durante meses, Macelo Lippi –entonces técnico bianconero– lo obligó a recibir y tocar el balón sólo con la pierna izquierda. El resultado fue espectacular: el jugador de técnica exquisita terminó siendo un genio conduciendo, recibiendo y tocando el balón con ambas piernas. 

Pero la enseñanza fue más allá del genio ambidiestro: Lippiordenaba y Zidane entendió que la instrucción no lo mejoraba per se. La guía del entrenador no bastaba: hacía falta la disciplina de todos los días. No porque se tratara de Zidane la instrucción era suficiente, sino que la constancia, el trabajo y la experiencia eran vitales.

Es claro: Puebla no tiene un Zidane de las políticas públicas ni a nivel estatal ni a nivel municipal. En parte, esa carencia tiene su origen en que la política poblana está llena de guías (de entrenadores, de Lippis) y de sus ideas (mejores o peores), pero no hay quien las ejecute y las lleve a la prácticade forma profesional.

El servicio civil es prácticamente inexistente a nivel estatal y la mayoría de burócratas del gobierno del Estado fueron presionados en el proceso electoral que está por terminar con la resolución que en las próximas semanas emitirá el Tribunal Electoral. Los burócratas del Estado siguen estando sujetos a los vaivenes de la política poblana y están desamparados cada vez que hay una elección a gobernador.Los puestos no los conserva quien no apoya. Los críticos son desterrados aunque su trabajo los avale.

A nivel municipal, que haya entrenadores es dudoso –ahora mismo no se sabe cuáles son las grandes líneas que seguirá la presidenta municipal durante su administración- y es evidente que la burocracia municipal sirve al mejor postor y es minusvalorada. La liberación de Israel Pachecho, en carácter de mártir que pretende reivindicar sus derechos como líder sindical del ayuntamiento de la capital poblana,no es una coincidencia, sino un movimiento bien orquestado entre el dogerismo y el morenovallismo para ponerle una piedra en el zapato a la Presidenta Municipal en el inicio de su gestión. Sin embargo, es sobre todo la ratificación de que la burocracia se entiende como un botín que gana el mandamás en turno y que construye para sus intereses, no para que los expertos implementen las políticas públicas que benefician a la ciudadanía.

Dentro de la burocracia poblana existen las personas que pueden realizar de manera eficiente el trabajo que la administración estatal y municipal requieren. El problema es que las estructuras de los partidos políticos están pensadas para ocupar esos cargos y ello es diametralmente opuesto a lo que necesita un gobierno: expertos en los temas que no deben perder su puesto por razón del partido que ocupe el gobierno del Estado. La administración cede ante la política. La experiencia es vencida por la credencial del partido.

Ni la administración estatal ni la municipal han comprendido la gravedad de tener una burocracia débil. Piensan que la creación de plazas es un asunto de última hora y para los amigos que estén dispuestos a incomodar a la administración entrante (véase las acciones de las últimas semanas de la administración de Luis Bank). La consecuencia es una reinvención del gobierno cada seis años o cada tres. La situación es alarmante, porque no sólo se trata de una creación de plazas a diestra y siniestra para los allegados, sino que es dudoso que el proceso de selección sea el adecuado para que los mejores ocupen los puestos en los que se les requiere.

Si los políticos poblanos fueran entrenadores de un equipo de fútbol, poco harían para mejorar a sus jugadores, así fueran los Zidane de los gobiernos estatal o municipal. Si guiaran un equipo, cada seis años o cada trienio estarían cambiando a la plantilla completa. No les importaría que en el equipo hubiera un Zidane. Cualquiera, piensan, puede controlar, conducir y tocar el balón como el marsellés. Para desgracia de todos, en su corta visión está la confianza que podemos tener en la burocracia poblana. No sabemos si haya Zidanes, pero lo seguro es que bajo la política de estos partidos, no los veremos brillar ni en el gobierno estatal ni en el municipal.

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