Las opciones no ilusionan. Ya sea Martha Erika o Barbosa o el priista o yunquista en turno, todos aspiran a lograr el poder por el poder mismo. A unos les falta estatura y a otros les sobran mañas.

Martha Erika Alonso, por ejemplo, tiene menos experiencia política que Margarita Zavala o que Martha Sahagún cuando quiso ser Presidenta. Una mujer de trato cordial y educación indudable, el problema mayor de Alonso es su nula experiencia. El máximo cargo de Martha Erika en política le fue regalado por el grupo en el poder al designarla Secretaria del Comité Directivo Estatal del PAN, una posición sin trascendencia, salvo por el hecho de que el presidente del comité es un títere a las órdenes de Alonso. El lastre de Martha Erika es su esposo, Rafael Moreno Valle, pero es también su tanque de oxígeno. Políticamente ella no existe sin el grupo de él. Es la esposa del jefe. (En eso se asemeja a Margarita Zavala)

Si se tratara de una carta nueva y con brillo propio, Martha Erika no tendría dificultad en atraer electores, pero su carrera política sólo se entiende a partir de Rafael Moreno Valle, e incluso su anhelo de lograr la gubernatura depende de la aspiración de su marido de convertirse en candidato presidencial. 

La palabra marido se repite una y otra vez en la carrera de Martha Erika. Alonso depende de Moreno Valle. Se trata del escenario más machista para el arribo de una mujer a Casa Puebla: sólo lo logrará si la carrera presidencial del marido fracasa.  Lo que algunos ingenuos piensan que es amor,  políticamente implica una pérdida de autonomía y una aspiración del otrora gobernador a continuar su proyecto en la entidad.

¿Cuándo se decidirá Martha Erika a dejar de ser la esposa de Moreno Valle? 

Un paso por las Cámaras o por la alcaldía prepararía el camino para que, con mayores tablas, Martha Erika aspire a la gubernatura por méritos propios. Mientras eso no suceda, la aspiración de Martha Erika tiene un origen: su matrimonio con Moreno Valle. 
Pero a Martha Erika eso le importa poco y piensa que puede ser la primera mujer en ocupar Casa Puebla. Y cree que para eso le basta ser esposa de Moreno Valle, así como tener un ejército de incondicionales del presupuesto,  periodistas y burócratas sumisos que le aplauden su falta de méritos, pero son incapaces de mencionar una acción, una propuesta o una política que caracterice el paso de Martha Erika por el fango de la arena pública. 

Alonso es indudablemente hábil, indudablemente inteligente y es una mujer preparada para gobernar, pero la duda siempre será si podrá brillar con luz propia y no bajo la sombra de un marido que aspira a ser un nuevo el poder detrás del trono. En cualquier caso, los Moreno Valle-Alonso o Alonso-Moreno Valle aspiran a seguir gobernando Puebla. Y eso es lo que les importa.

¿Por qué los integrantes del grupo morenovallista que tienen la misma aspiración y tienen los medios para descarrilar los planes de los Underwood Región 4 nada dicen y nada hacen para detener el tren de Martha Erika y Rafael? Las razones pueden ser diversas, pero dos resaltan por encima de otras: o le temen a su antiguo patrón o se sienten inferiores a Martha Erika. Cualquier de las dos respuestas es una noticia pésima para Puebla: Blanca Nieves gobernaría entre muchos enanos. 

El grupo en el poder se aferra al presupuesto de Casa Puebla y no parece estar lejos de lograr su cometido. Martha Erika se alista para combatir en 2018, aunque a nadie responda de manera convincente la pregunta que vale la pena contestar antes de la elección del próximo año ¿cogobernará Rafael Moreno Valle? Los mismos integrantes del grupo en el poder no saben contestar a esta pregunta y son aún más esquivos  si se cuestiona la idoneidad de Martha Erika como propuesta del PAN. Y en los porqués ya no sólo se nota su nerviosismo, sino su clara ingenuidad envuelta en el celofán del cinismo: no parece haber razón de más peso: Martha Erika es la esposa de Rafael. Es el mismo caso de FOX y Martha Sahagún, con el agravante de que la oposición está pulverizada, los medios cooptados y el escenario listo para que esa discusión sobre los méritos y el proyecto de Martha Erika pasen a segundo término. Se trata de alcanzar el poder o, para ser más precisos, de no dejarlo. Es el nuevo PAN poblano, tan lejos de Gómez Morín y tan cerca del nuevo PRI.

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