Santiago Nieto fue Titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE)  desde 2015. La semana pasada fue destituido de su cargo y se generó una polémica sobre la constitucionalidad de su separación entre los que piensan que el Procurador tiene esa facultad y quienes lo niegan.

Sin embargo, aunque parece que la República depende de que permanezca en su cargo, la realidad muestra que se trata del fiscal que ha tenido sobre sus hombros la persecución de los delitos en dos procesos electorales importantes: Veracruz y el Estado de México.

La discusión  versa sobre el titular de una institución que no aportó investigaciones trascendentales en ambos procesos electorales y que, faltaba más, no encontró desvío de recursos o inició procedimientos importantes.

Estamos hablando de Santiago Nieto como si se tratara del titular de una institución con grandes resultados, pero en realidad estamos en presencia de un funcionario que quiere aferrarse a un cargo en el que los resultados han sido intrascendentes. Estamos hablando de un fiscal para el que no hubo grandes delitos en la elección del Estado de México, donde el manejo y dispendio de recursos fue grosero. Ese es el Santiago Nieto del que hablamos.

La discusión sobre la facultad del Procurador General de la República para remover al titular de la FEPADE no es menor, aunque tal vez sería mejor dejar pasar la destitución de Nieto y buscar fortalecer a la institución: su destitución sería la mejor prueba de su vulnerabilidad en todos los sentidos y de que el proceso electoral de 2018 será autoritario. Sería quitarle el maquillaje (la autonomía de la FEPADE) a la farsa.

La fiscalía encabezada por Nieto no es de fiar de acuerdo a lo que ha realizado durante los dos años y medios que la ha encabezado. Aferrarse a que permanezca como titularidad de la FEPADE significa defender una institución de papel.

Sin embargo, hay una cuestión que se está pasando por alto: si el Procurador cesa a Nieto, significa que también es responsable de sus acciones y omisiones. Es decir, lo que parece que es un David (la FEPADE) batallando contra Goliat (los partidos y sus campañas), en la lógica de la PGR no es así: ellos deciden cuándo se va o se queda el titular de la FEPADE. En otras palabras, la PGR -Cervantes y sus sucesores- es responsable de la actuación de la FEPADE. Se quitan la máscara: son ellos los que no quisieron actuar en el Estado de México y Veracruz. Se quitan la careta y eso, aunque es cinismo, ventila la política con aires de realidad.

Aún más delicada es la actitud asumida por Santiago Nieto. Previó a su destitución, se comportó más como un sparring de boxeo que como un fiscal que investiga. Si fue porque Lozoya lo acorraló y embistió, no fue adecuado salir a declarar lo que pretendía el ex titular de PEMEX . Santiago Nieto se subió a la arena política contra Emilio Lozoya, pero un fiscal hace todo, menos ceder a sus pasiones; menos decir que es incorrecto lo que está haciendo la defensa de alguien que está bajo investigación. Un fiscal calla, investiga y consigna. Esa es su función. Por más su enemigo sea el impresentable de Lozoya. Santiago Nieto no lo entendió.

 

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