La campaña del ruido

Texto publicado en 24horaspuebla.com y en

Statuspuebla.com.mx el 30 de mayo de 2016

Llama la atención la estrategia de campaña del PRI en los últimos días.

Apenas antier se enteraron que el gobernador ejercía el poder con mano dura.

Apenas hace unas semanas se dieron cuenta que, en el Estado, hay personas inconformes con la forma de gobernar de Moreno Valle.

Y resulta curioso que los priistas que hoy le llaman “gober bala” son los mismos que dieron su voto para aprobar la ley que autorizaba el uso de armas de fuego contra manifestantes.

Fueron sus socios, pues.

Sin embargo, aunque quienes hoy se rasgan las vestiduras sean los cómplices del gobernador desde hace cinco años, lo preocupante  es que sigue sin existir un plan que guíe los pasos del gobierno que liderará Gali o Alcalá.

Sigue sin ser claro cuál será la relación del gobierno del Estado con los Ayuntamientos.

No se sabe cuáles serán sus compromisos con la BUAP, que en su supuesta apoliticidad de estos días encierra una posición débil frente al gobierno.

Tampoco se sabe qué programa ofrecen como pilar para solucionar los dos grandes problemas del Estado: la pobreza y la exclusión.

Escucho a Alcalá y oigo retórica de ataque, pero no de soluciones. Escucho a Gali y oigo precisamente un discurso de exclusión, al presentar la elección como un nosotros o el marinismo (George Bush lo dijo de otra manera: you are with us or against us), pero que en esencia atina en la forma de las campaña electorales mediáticas (excluyentes per se), aunque no en el fondo: olvida que no todo lo anterior fue malo, ni todo lo actual es maravilloso.

El discurso de Gali es estridente, pero vacuo. El progreso al que apela es un progreso pírrico a nivel social y el halago en boca propia resulta vanagloria.

Por eso, el resultado del próximo domingo puede ser a favor de Gali -según muchas encuestas- o puede ocurrir un milagro que permita a Alcalá arribar a Casa Puebla, pero lo cierto es que la persona que gobierne 20 meses aún no ha ofrecido una ruta de navegación, lo que demuestra que quien triunfe el próximo domingo será porque hizo mucho ruido, se posicionó, logró acuerdos corporativos y tuvo mucho dinero para anunciarse en los medios.

Casi como Peña Nieto en 20012.

Sin embargo, las consecuencias de deambular políticamente, pero con buen rostro mediático, ya las conocemos. No hay más que mirar el gobierno federal y los resultados saltan por sí solos.

Advertidos estamos.

Votemos, pues

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