Una marcha, dos estados

Una marcha, dos estados

La marcha dejó el retrato de dos estados, de dos Pueblas. No es cuestión de ideologías y lejos está de ser una cuestión partidista.

Hay una Puebla harta, que demanda, grita y llora (porque la inseguridad y la delincuencia nunca han reinado como ahora).

La otra Puebla lo niega. Es la Puebla de los políticos y de los empresarios y medios adictos al dinero del poder. Ellos viven una realidad distinta. Son como Hugo Sánchez en un programa de televisión. Piden tiempo; ven el vaso medio lleno, alaban las acciones del gobernante o del jefe en turno. Ven avances, aunque reconozcan tropiezos. Y nunca se equivocan.

Del otro lado, una Puebla clama paz. Está herida y tiene miedo. Es la Puebla olvidada. Es una Puebla alejada del poder.

Unos dicen que despertó en el cuerpo de jóvenes vestidos de negro o con sus uniformes de médicos, que exigen ser contados bien, porque no son pocos, no son cinco, no son diez.

Otros sostienen que esos jóvenes siempre están ahí.

Son ellos los que salieron aquel septiembre de 2017 a repartir víveres, a recolectar comida, a ordenar los sarapes después del sismo.

Y son a ellos, sobre todo a ellos, a quienes la otra Puebla adeuda un mejor país.

La Puebla del hartazgo encontró en miles de jóvenes un micrófono para que su dolor se escuche.

Del otro lado, cambian las caras, pero no las palabras. Quien ocupa Casa Aguayo regaña y señala. Sostiene enojado que nada cambia de un día a otro, y dice que quiere una universidad unida, no manipulada. Tuvo una semana para pensar sus palabras, y bien pudo evitar esa referencia a la manipulación, porque ofende a los 150 mil jóvenes que inundaron la ciudad pidiendo justicia. Se puede manipular a 5 mil panistas, priistas o morenistas; de manipular a 150 mil rebeldes, no vale la pena ni hablar.

Los jóvenes dejaron en claro que la otra Puebla no es de ellos. La Puebla que ayer marchó es muy distinta de la de los carroñeros del poder. La de los jóvenes ilusiona. La otra, hace tiempo que genera más repulsión que reconocimiento.

Su realidad es otra.

Su Puebla es otra.

 

Tiempo extra

Las migajas

Como se adelantó en este espacio, no se podían esperar grandes transformaciones a partir de la marcha. Era un grito de hartazgo y como tal, no merece otro adjetivo sino el de “histórico”.

Me sorprende que el gobierno tenga tan poca imaginación. La creación de una fiscalía para los universitarios podría significar un membrete nuevo o una burocracia más. En el país del nunca jamás, eso y nada no es lo mismo, pero es igual.

También sorprende que el transporte vuelva a ser tema. ¿Que acaso no está modernizado? Marchan 150 mil jóvenes y solo se les ocurre decir que se va a mejorar el transporte. Hace seis meses aumentaron el precio del trasporte público (afectando a las clases más pobres) con el mismo argumento: la modernización. Palabras más, palabras menos. Palabras.

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