Moreno Valle y Martha Érika Alonso están lejos de ser Peña Nieto y La Gaviota. La diferencia, que es mucha, está en la habilidad política que tiene la esposa del gobernador poblano. Esa cualidad, que juega a favor de la primera pareja de Puebla, es también un dolor de cabeza cuando se combina con aspiraciones políticas a destiempo (por parte de ella) y con una falta de tacto político por parte del gobernador.

Colocar a su esposa como Secretaria General del PAN en Puebla no parece un acto previsto al inicio de la administración morenovallista, un intento desesperado por controlar el partido a través de “incondicionales”, que no colaboradores. Alonso tiene capacidad de sobra, pero es su posición de primera dama en el Estado la que no está ponderando. La mujer de César debe serlo y parecerlo, pero no puede aspirar a ser César. La aspiración de figurar políticamente es totalmente legítima, pero no es oportuna porque los electores no votaron por una pareja, sino por un candidato, y por ello el arribo de Martha Érika Alonso huele al aprovechamiento de una posición privilegiada —la de primera dama— y no a un reconocimiento a su trayectoria política (porque no la tiene).

Desde un inicio es claro que la esposa del gobernador  tiene el potencial para tener una carrera política propia, pero arroparla no parece una solución óptima a largo plazo, porque el movimiento no le permite precisamente construir una carrera política propia: sigue siendo un mero brazo ejecutor de su marido.

¿Confiar en ella? Es posible, aunque un príncipe ególatra no confía en sus subordinados y ella no será la excepción.

La señal que envía el gobernador es, no se dude, de autoritarismo, porque de todos desconfía y -malas noticias para Martha Erika- también de ella terminará desconfiando. Piensa —y no es nuevo en términos autoritarios— que los demás son idiotas o incompetentes y pocos (o casi nadie) son dignos de confianza.

La señal que envía el gobernador es de un grupo debilitado que ha sido incapaz de formar -durante más de cuatro años en el poder- a un(a) Secretario(a) General del PAN y ha tenido que recurrir a su compañera de alcoba.

Y poco habrá que agregar al hecho de que la institución erosionada con el movimiento es Acción Nacional. Al más puro estilo beltronista, no hay una sana distancia entre el gobernante y el partido. Hay una abierta fusión entre el gobierno y el partido. Hoy, incluso, comparten el mismo techo. Salvo que algún genio diga lo contrario, eso está lejos de cualquier espíritu democrático.

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