El PRI poblano es un partido sin liderazgo, sin agenda y sin definición de adversarios. Un desastre que se explica por la pequeñez de muchos de sus miembros y por tener enfrente a un gobernador al que le basta un caramelo para seducirlos.

En otras palabras, es un partido entregado a la voluntad de Moreno Valle.

Tal y como sucedió a nivel federal cuando perdió la presidencia, su proceso de aprendizaje como oposición le ha causado malestares mayores. Negociar en desventaja siempre es complicado. La línea que separa a la concesión política de la pérdida de la dignidad es tenue, y el PRI poblano parece vivir cómodo transitando sin rubor de un lado a otro.

El primer problema del PRI es y seguirá siendo Mario Marín Torres. Son tres las razones:

1. Un grupo importante de políticos se formó a la sombra del exgobernador y ha enfrentado una transición con estigmas a su espalda. Para ellos, el periodo morenovallista ha sido como el sentimiento de un vampiro al amanecer.

2. Mientras que Piña, Bartlett y Melquiades tenían una agenda más allá de Puebla al terminar su gubernatura, la agenda de Marín solo pasa por Puebla. De ahí su efímera intención de regresar a la arena política. El exgobernador quiere seguir influyendo de manera determinante en el PRI poblano, porque es el único lugar en el que puede tener influencia. A nivel nacional sus opciones son nulas. Su dinero es bienvenido y concesiones le harán, pero su palabra y opinión no tienen peso. Marín es un lastre.

3. A pesar de lo anterior, el PRI estatal necesita a Marín por dos cosas: recursos y logística. Después del escándalo por la detención ilegal de Lydia Cacho, Marín se refugió en el interior del Estado y ganó un nicho de oro: conoce como pocos el Estado –y la capital, porque fue Presidente municipal–. Por eso es un activo: los operadores electorales son importantes y las cañerías hay que conocerlas. Marín tiene ese conocimiento a su favor y tiene recursos –nadie lo duda–. Quien aspire a algo importante dentro del PRI poblano sabe que Marín es aún factor clave. La elección de Ana Isabel Allende lo confirma.

No obstante el escenario desolador, hay una buena noticia para el tricolor poblano: Moreno Valle solo ha podido construir un perfil adecuado para la lucha por la gubernatura. Del otro lado, el PRI tiene cuatro personajes que no lideran el partido, pero son viejos zorros que buscarán la gubernatura. Blanca, Dóger, Lastriri y Estefan tienen más peso y credenciales que Gali, pero no cuentan con la estructura del gobernador. Por eso, entre los priístas mencionados saldrá el gobernador de 2018 y también alguno de ellos se inmolará en 2016.

A eso y a la Presidencia Municipal me referiré en mi siguiente colaboración.

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