La obra ganadora del premio Oscar a la mejor película es una creación del director Paul Thomas Anderson. Tiene un elenco extraordinario y un guion interesante, aunque discutible. Se trata de la historia de un revolucionario (Di Caprio) que se esconde y camufla durante años, después de haber sido un miembro importante de una célula anarquista.
El villano (Sean Penn) es un general que es sometido por la célula terrorista a la que pertenecía Di Caprio, pero que se enamora de la esposa de este, una terrorista y anarquista sin igual, y durante lustros busca el paradero de la hija de la guerrillera que pudiera ser su hija.
Hollywood edulcora la revolución como una protesta trivial, que años después mantiene cierta estructura y que se contrapone a las organizaciones estatales más importantes. La lucha es trivial porque Thomas Anderson la presenta así: unos revoltosos con grandes ideas aunque poca organización y trascendencia; drogadictos y desordenados, que enfrentan a militares y agentes del Estado que los aplastan cuando se lo proponen. Detrás del Estado, intereses por doquier que se terminan imponiendo como una mano invisible que vence a quienes oponen resistencia.
Sin quererlo o con toda intención, Anderson replica los estereotipos norteamericanos sobre quienes se oponen a ciertas medias gubernamentales y deciden combatir al gobierno y su orden cuasitotalitario . El gobierno tiene el control y reprime con facilidad cuando lo necesita.
En la visión que plasma el director, no hay revolución posible en las sociedades de hoy en día. La película se mofa de la revolución mucho más que del gobierno, aunque algunos la hayan calificado de “antídoto artístico contra el fascismo”. No es así. Es una película que proyecta luchas de poder predecibles y donde los personajes femeninos son especialmente explotados sexual y eróticamente. La obra contra el fascismo es claramente machista y benévola con el Estado. Se centra en la lucha encarnizada de un general fascista que busca a la hija de una guerrillera, pero el fondo de la lucha entre los grupos vulnerables y el ejército norteamericano está impregnado de ironía, de comedia y de sexualidad. La visión de Anderson es demasiado estereotipada; la revolución, según su visión, es demasiado ingenua.
Si la intención de Anderson era reivindicar las luchas de inmigrantes y grupos vulnerables contra el trato inhumano, termina siendo una muestra del espíritu machista de ese gobierno, de sus entramados racistas, pero la revolución que reivindica Di Caprio y sus camaradas está sexualizada, teñida de comedia y siempre con un toque que le resta seriedad y la sobaja respecto de su temerosa y siniestra contraparte.
Por supuesto que el cine no tiene que ser político, pero esa era la intención de Thomas Anderson cuando decidió escribir y dirigir esta película. Y es todavía más político cuando se pone sobre la mesa la lucha entre quienes tratan inhumanamente a los inmigrantes y quienes luchan a favor de ellos. La caracterización de Anderson puede ser efectista y lograr que el espectador se enganche con la película, pero el mensaje que envía es doble: la revolución no triunfará ni derrocará a las grandes corporaciones que se mueven con sigilo, con dinero y que tienen controlado al gobierno del país más poderoso. Y, por otro lado, los guerrilleros son bobos, cómicos, organizados pero sin posibilidad de éxito alguno porque les sobra inventiva peros les falta disciplina y medios. Su lucha es en las alcantarillas, mientras que los fascistas despachan en grandes edificios.
Tal vez la visión del director cambiaría si presenciara la lucha real de colectivos y comunidades latinas contra las redadas del ICE en los Estados Unidos de América. Sin ánimo de demeritar las actuaciones y la fotografía de la película de Anderson, el director podría atestiguar que la revolución contra el fascismo es cuestión seria. Lejos de la visón reduccionista del director ganador del Oscar, las calles norteamericanas muestran una lucha frontal, valiente y nada boba contra un gobierno discriminador y antiinmigrante. Una lucha que vence estereotipos: justo con los que Anderson tropieza una y otra vez, durante su película.

(Texto Publicado en El Sol de Puebla el 24 de marzo de 2026)

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